“la realidad es aquello que, cuando dejas de creer en ello, no desaparece” .Philip K. Dick

Nos hemos acostumbrado a tratar las despedidas como una pérdida, siempre en el fondo, por egoismo: nos da miedo aquello que no podemos retener.

Pero la materia no se destruye, se transforma. También nosotros somos materia, aunque nos pese o nos cuenten miles de historias para confortarnos cuando no entendemos algo. Pero al final atravesamos un umbral en el que lo visible se disuelve para continuar de otra manera, en otra forma, en otro ritmo.

Philip K. Dick, planteaba que “la realidad es aquello que, cuando dejas de creer en ello, no desaparece”. Cuando alquien deja de existir con nosotros, en ese sentido, no elimina lo real; solo cambia nuestra relación con ello. Lo que hemos sido, lo que hemos creado, lo que hemos amado, sigue teniendo efectos. Persiste en los otros, en el entorno, en la historia misma del universo.

Los que tenemos hijos, no como testigos ni perpetuadores de tus historias, tenemos una cierta paz al final de todo. Ellos no cargan con una obligación como se pensaban egoistamente los antiguos y las plañideras vitalicias, sino que son la autentica herencia viva. En ellos mezclan el pasado y el futuro, la memoria y las posibilidades. No son un consuelo frente a la despedida, pero sí una forma de continuidad que hace que el adiós nunca sea absoluto. Son la prueba de que esto no se agota en un individuo, sino que fluye, se expande…… se reinventa.

La vida, mientras tanto, sucede como un préstamo inesperado. No lo pedimos, no negociamos sus condiciones, y sin embargo lo habitamos con la intensidad de quien sabe —aunque no lo admita— que se terminara algun dia. Cada instante posee esa cualidad extraña de lo irrepetible, como si el universo entero se pusiese de acuerdo para producir exactamente ese momento y no otro. Carl Sagan lo expresó bien clarito: “somos polvo de estrellas”, una afirmación que no es solo poética sino literalmente cierta: los átomos que nos componen nacieron en el corazón de estrellas que murieron mucho antes de que existiera cualquier memoria humana.

La despedida no es más que la devolución de ese préstamo. La naturaleza, que nos dio forma, nos reclama con la misma serenidad con la que nos sostuvo. No hay prisa en ese gesto, ni juicio. Solo continuidad.

Pero antes de ese retorno, queda la vida, la forma de afrontar dificultades, la risa compartida en una tarde cualquiera en el bar «Molly» tomando unas «cerves», la manera de nombrar lo importante. Como escribió Ursula K. Le Guin, “la luz es la mano izquierda de la oscuridad”, recordándonos que todo existe en relación, que nada es absoluto ni permanente en sí mismo, cuando partímos esa relación continúa: somos y no somos, estamos y ya no estamos, y sin embargo algo de nosotros persiste.

La ciencia ficción ha sabido explorar esta paradoja mejor que muchos discursos filosóficos. En Dune, Frank Herbert deja caer una idea que resuena más allá de su contexto: “El misterio de la vida no es un problema que resolver, sino una realidad que experimentar”. Esa experiencia incluye el final, porque sin él no habría forma de percibir la totalidad. Una vida infinita sería indistinguible de la inercia; es el límite lo que da forma al sentido.

“El misterio de la vida no es un problema que resolver, sino una realidad que experimentar”. Dune, Frank Herbert

En este sentido, la despedida puede entenderse como un acto de confianza. No una resignación pasiva, sino una aceptación activa de formar parte de algo más amplio. La física nos dice que todo está conectado a niveles profundos: partículas entrelazadas, campos que atraviesan el espacio, fuerzas que operan incluso en el vacío. La literatura, por su parte, traduce esa conexión en imágenes comprensibles, en historias que nos permiten sentir lo que las ecuaciones describen.

La alegría de la vida no reside en su duración, sino en su intensidad y en su capacidad de generar más vida, más conciencia, más vínculo. La alegría no niega la despedida; la integra. Como dos caras de una misma realidad. Lo importante no es evitar el final, sino comprenderlo.

El universo se expande, se enfría, cambia. No es estático ni eterno en su forma actual. Y, sin embargo, eso no le resta belleza. Al contrario: la hace más valiosa. Saber que todo evoluciona, que todo se transforma, convierte cada instante en algo único.

Por eso, cuando llegue ese momento, tal vez lo más honesto no sea resistirse, sino reconocer la continuidad. Confiar en que la vida que dejamos atrás seguirá desplegándose en quienes amamos. En que nuestros hijos, y los hijos de nuestros hijos, seguirán encontrando sentido, belleza y preguntas. En que el universo, con su vastedad silenciosa, nos acogerá de nuevo como siempre lo ha hecho.

Y entonces la despedida dejará de ser un final para convertirse en lo que siempre fue: un regreso.

AtoM Crimed – Aniceto M.

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"With 6 award-winning science fiction novels and popular science books, he brings complex concepts of criminology and computer science closer to the public, while his science fiction novels explore themes such as artificial intelligence and the future of technology. His ability to intertwine scientific facts with imaginative narrative has been widely praised, establishing him as an influential figure in both the scientific and literary fields." Excerpt from Critica Universitaria UCM Magazine.